lunes , 6 abril 2026
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Crónicas de un jugador (y 10) – Destino final: Mecatol Rex y El Miskatónico

Capítulo final de esta serie de Crónicas de un jugador

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Una tarde de agosto de 2019 me pasé a conocer el club Mecatol Rex. Una visita que cambió mi vida jugona. Allí encontré un local ubicado en el barrio madrileño de Carabanchel que reunía todo lo que un medio novato en los juegos de mesa como yo, podía imaginar. Cerca de mi casa, ¡que mas podía pedir! Así que me hice socio inmediatamente.

El local me impresionó más que encontrarme a mi director de cine favorito por la calle y que me sonriera. Sobre todo porque está muerto. Estanterías llenas de juegos, miniaturas, salas de rol, muchas mesas y hasta comida y bebida para tomarse algún refrigerio durante la partida. Pero lo mejor del club enseguida comprobé que eran sus socios.

Habiendo sido miembro de clubs de ajedrez, enseguida vi lo diferente que eran las relaciones comparado con este club de juegos de mesa y me quedó claro que era mi sitio. En los clubs de ajedrez me encontré con mucha competencia y pique, nadie te enseña, tienes que venir enseñado de casa, la gente juega separada con otros jugadores de su nivel y yo, por ejemplo, no podía jugar con alguien que tenía mas nivel ELO que mi modesta puntuación. Me tocaba estudiar y ser mejor para ser admitido en la mesa donde jugaban los líderes ajedrecísticos.

En Mecatol, la gente tenía otro rollo. El flow era totalmente diferente, Te enseñaban a jugar, te aconsejaban si era tu primera partida, podías jugar con mucha gente diferente, se jugaba a ganar claro está pero sin un afán extremo por la victoria y yo seguía con los ojos abiertos mirándolo todo. A este paso iba a tener que volver a graduarme la vista.

Desde el primer día me sentí uno más en la familia mecatolera. Jugué mis primeras partidas con los sentidos a flor de piel. Enseguida encontré la amabilidad, simpatía y el conocimiento de la afición como valores que eran imposibles dejar pasar por alto.

Me estrené con Downforce, Ginkopolis y Lords of Waterdeep. Juegos diferentes a lo que yo conocía y que no tenía ni idea de que existían. A partir de ahí todo fue rodado.

Poco a poco me fui integrando en la dinámica del club. Grupos de whatsapp para novatos, para partidas de rol o para cuestiones generales,  además de un foro donde organizar las partidas. Asambleas anuales con cambio de junta directiva y cuestiones que atañen al funcionamiento interno. Un sitio que nunca está cerrado ya que el socio consigue la llave después de un tiempo y puede organizar las partidas cualquier día a cualquier hora, siempre que encuentre gente disponible para hacerlo. Uffff. muchas opciones y todas para bien.

Ahora podía probar muchísimos juegos y seguir creciendo como jugón. Compré alguna que otra cosa para jugar en casa y con los amigos: The Island, Las Mansiones de la locura segunda edición, La era del carbón, Grand Austria Hotel, Sid Meier’s Civilization – Un nuevo amanecer, Great Western Trail, etc

Me metí de cabeza en dos LCGs como Arkham Horror y Marvel Champions. Jugué al rol con Vampiro, Dungeons & Dragons y La leyenda de los cinco anillos. Cada vez sabía más de juegos y ya apostaba por las vacas sagradas de la afición comprando Food Chain Magnate o Trough the Ages. Me gastaba el dinero que no tenía y eso me obligó a dejar de ir tanto al bar para compensar la economía mensual. Valía la pena esta nueva vida que me ofrecía diversión y hábitos más saludables.

Aunque jugué partidas con mucha gente diferente y me gustó infinitamente compartir mesa con cada uno de ellos, conocer a un grupo de socios que me acogieron como uno más, también me sirvió para tener mi pequeño club dentro del club y así poder montar las partidas con mayor facilidad. Aquí además de gente maja encontré la camaradería de un grupo con muy buen rollo.

Después de la pausa obligada por la pandemia, retomé lo de ir al club con más ganas todavía. En los siguientes años ya volaba solo y no abría tanto los ojos porque siempre he tenido vertigo. Comprando novedades, buscando juegos de segunda mano en wallapop, vendiendo o intercambiando los que ya había quemado de mi colección. participando en las actividades del club y sintiéndome un afortunado por pertenecer a un lugar con gente estupenda.

Fueron años de proselitismo en los que quería convencer a todo el mundo de lo que se estaban perdiendo si no jugaban a juegos de mesa. Era un evangelizador de la afición. Me faltaba la sotana o la Biblia del jugón con esa actitud de convertir a todos en jugones.

Cuando a principios de 2025, empecé a escribir en El Miskatónico dí un nuevo salto en mi afición. Siempre me ha interesado la escritura, tenía un blog personal sobre juegos de mesa y otros cuantos sobre distintas aficiones, además de que me publican de vez en cuando relatos o artículos culturales en la revista El Perro Paco, así que para mí el salto a escribir en este periódico fue bastante natural. ¡Lo de dar al turra juntando letras siempre me ha gustado!

La organización de los Premios a la divulgación celebrados este pasado diciembre y las ganas de seguir siendo parte de El Miskatónico es lo que ahora me mueve como aficionado sin perder de vista seguir jugando en Mecatol, en casa o en las de mis amigos.

Con el tiempo son varios los socios del club a los que considero amigos y los lazos de amistad y complicidad se van forjando al compartir tiempo juntos. Espero que sea para siempre. Lo mismo espero que vaya pasando con los que colaboramos en el Miskatónico.

Aunque ya hace años que dejé de ser un recién llegado, aunque ya he aprendido a dejar de hacer publicidad de la afición a los que no les interesa (la sotana nunca me la compré), aunque ya he vuelto a los bares y lo combino con ir al club, tampoco me considero un experto. No he ido a Essen, no tengo un canal de Youtube sobre juegos, no he creado un prototipo que lo prueban mis amigos, no grabo un podcast, no participo en campañas de mecenazgo, no me gusta jugar en solitario, no me interesa jugar online y no soy conocido en el mundillo ni busco serlo. Solamente soy un jugador de juegos de mesa plus pero no experto.

Para finalizar solamente quiero destacar que cada día me apasiona más jugar y que mi mayor y modesto logro como jugador es compartir mesa con otros jugadores y, ¡como no!, que estoy orgulloso por ser socio de Mecatol Rex, escribir en El Miskatónico y ahora también grabar vídeos para el Miskatónico TV.

Aquí se acaban estás crónicas de mi historia jugona personal. En esta serie de artículos os he contado como he llegado hasta el presente y lo he intentado hacer bajo el prisma del humor. Espero que los que los que las leáis, encontréis alguna cosa en ellas que se parezca a la vuestra y haberos sacado alguna sonrisa aunque solo sea de condescendencia.

¡Sigamos jugando!

—-Listado de los capítulos de «Crónicas de un jugador»—-

  1. 1-Damas y botellas
  2. 2-Empresario, militar o detective
  3. 3-Descifrando jeroglíficos como Indiana Jones
  4. 4-Mis amigos no tenían televisión y escuchaban a Beethoven
  5. 5-El buscavidas del tablero
  6. 6-Napoleón, un estratega en Madrid
  7. 7-Todo un mundo por descubrir
  8. 8-Niños y mayores no jugaban a lo mismo
  9. 9-Jugón de barrio
  10. 10-Destino Mecatol Rex y El Miskatónico

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Written by
Alonso Expósito

Aficionado a los juegos de mesa y socio de Mecatol Rex. Me gusta jugar y me gusta escribir, lo que creo que es una combinación perfecta para ser parte de El Miskatónico, Aportaré versatilidad y al no tener ningún canal de juegos ni ser creador de contenido, lo hago sin influencias externas ni ningún tipo de intereses comerciales aunque tampoco prometo objetividad. xalons67@gmail.com

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