-
De la conciencia social y la vergüenza ajena
Desde hace unos días estamos siendo testigos de episodios de sensibilidad extrema: críticas públicas, llantos en directo, reproches cruzados, ataques anónimos y mensajes privados lamentables.
Un cóctel incómodo, compuesto por problemas personales expuestos al público, convertidos casi en una forma de entretenimiento desafortunado.
¿Tiene todo esto algo que ver con los juegos de mesa?
La respuesta, aunque incomode, es sí.
Dentro de la ludoesfera no es ningún secreto que tal reseñador recibe juegos, que tal canal está patrocinado por una editorial o que fulano está escalando posiciones porque quiere vivir de esto. Nada nuevo. Nada especialmente escandaloso, ilícito o reprochable. Al contrario: desde El Miskatónico admiramos y agradecemos a quien invierte su tiempo para ofrecer esa especie de metajuego del que participamos incluso sin estar sentados delante de una mesa.
Estas dinámicas comerciales forman parte del ecosistema de los juegos de mesa… y de cualquier otro ámbito cultural, creativo o comercial.
Durante la preparación de los Premios Miskatónico nos encontramos con comentarios de todo tipo en torno a la propia idea de premiar a creadores de contenido. Al principio, la propuesta no caía bien a casi nadie.
Se temía —con cierto fundamento— que aquello derivase en un festival de caricias al ego, que reforzase dinámicas de validación interesada y que terminase traduciéndose en más juegos enviados por editoriales y, por tanto, en más reseñas dirigidas, menos críticas y menos criteriosas.
Otro frente inesperado fueron los mensajes —algunos amables, otros no tanto— de personas cercanas a canales y creadores que mostraban enfado o disconformidad con las nominaciones.
«¿Cómo no está fulanito?»
«¿Quién es ese?»
«¿Por qué nominan a alguien que no conozco en lugar de a mi vecino?»
Traemos estas anécdotas porque queremos hablar de ego, conciencia social, sensibilidades, validación y estatus.
Cinco conceptos que se han cruzado con fuerza esta semana y que no nos han dejado indiferentes.
-
Ego
El ego es la parte de la mente que nos hace conscientes de quiénes somos y nos permite interactuar con el mundo, mediando entre nuestros impulsos y la realidad social.
Un amigo nos dijo una vez —medio en broma, medio en serio— que muchos frikis entramos en esta afición porque tuvimos una capacidad limitada de interacción social en nuestros primeros años como seres sociales. Y lo cierto es que hay bastantes posibilidades de que esta idea se aplique a más de uno.
La mesa de juego es, en el fondo, un entorno de interacción social controlada, algo que a las personas con dificultades para relacionarse les facilita el contacto con otros. Hay normas, turnos y estructuras claras. Hay pocos imprevistos. Sabemos qué se hace, cómo se hace y cuándo se hace.
Se interactúa poco… y se habla lo justo.
El problema llega cuando esos mismos individuos —con un -2 en habilidad social— descubren las redes sociales. Y, con su torpeza intacta, se lanzan de cabeza a crear contenido sin entender que al otro lado hay mucha gente igual de poco preparada para la interacción social real.
El resultado es paradójico: acabamos exigiendo conciencia social ante cualquier cosa que nos ofenda, incluso cuando no somos capaces de ejercerla nosotros mismos.
-
Conciencia social
La conciencia social es la capacidad de percibir, comprender y empatizar con los pensamientos, sentimientos y necesidades de quienes nos rodean.
Pedir conciencia social y tener conciencia social son dos cosas muy distintas, y muy poca gente es capaz de sostener ambas a la vez.
Imaginemos a Miguel.
Miguel se sube a un banquito en la esquina de su barrio, megáfono en mano, y empieza a gritar que el pan de la panadería es una mierda, que la peluquera de la otra calle corta fatal y que la vecina del portal 6 es inmoral… comparada con él, claro.
¿Qué pasaría si esto ocurriera en el mundo no virtual?
Alguien se acercaría y lo increparía a la cara.
Alguien le respondería con otras opiniones.
Alguien, probablemente, acabaría quitándole el megáfono y el banquito, aunque solo fuera por puro hartazgo.
Este es el motivo por el que Miguel no tiene un banquito ni un megáfono.
Tiene una cámara, un micrófono e internet.
Porque ahí se puede gritar cualquier cosa.
Ahí los límites morales se maquillan, se editan y se ajustan a conveniencia.
Ahí se puede responder “por elevación”, exigiendo más moralidad y más conciencia social mientras uno se erige, cómodamente, en la cima de la virtud.
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando en una discusión uno de los dos tiene un altavoz cinco veces más potente?
¿Se toman ambas posturas en cuenta por igual?
¿Y qué pasa si quien tiene el altavoz más potente elige debatir solo con quien tiene altavoces más pequeños, o evita a quienes pueden responderle de tú a tú?
La respuesta es evidente: logra imponer su idea y su moral sobre una porción mucho mayor de la opinión pública. Y, por tanto, consigue que más gente le dé la espalda al otro discurso simplemente porque nunca llegó a escucharlo.
-
Sensibilidades
La sensibilidad es la función del sistema nervioso que permite detectar cambios internos o externos.
Pero en redes sociales funciona con un curioso doble rasero.
Cuando un crítico reconocido habla del trabajo ajeno, las palabras fluyen sin pudor. «Mierda». «Basura infecta». «Deficiente». «Sin más». «No lo compro ni con tu dinero». «No lo juego ni en tu mesa».
Todo eso entra dentro del juego.
Porque en mi casa y en mi canal digo lo que quiero. Porque aquí no queremos tibios.
Como si opinar con precisión, educación y respeto fuera cosa de tibios.
El problema no son los tibios, Miguel. El problema son los calentones y los fríos.
Otros solo dicen cosas bonitas porque aseguran «no tener la cultura del hate», aunque sí practican la cultura del beneficio material a costa de condicionar sus propias opiniones.
Ahora bien, cuando alguien opina que el trabajo del crítico, reseñador o creador de contenido es malo, deficiente, manipulado, creador de odio o vendedor de necesidades… ahí cambia la cosa.
Ahí aparece la sensibilidad.
Ahí se habla del dolor de las críticas.
Ahí se infla el pecho con valentía mientras los ojos se humedecen para proclamar en directo que hay que respetar la moralidad, que hay que tener conciencia social y que no los van a callar.
Defender la norma duele mucho más cuando uno deja de estar protegido por ella.
-
Validación y estatus
Seamos claros.
Somos los consumidores de medios quienes otorgamos validación y estatus a los creadores de contenido.
Muchos lo gestionan con humildad, gratitud y responsabilidad.
Otros, en cambio, se suben al banquito y creen que ese estatus les autoriza a encender el megáfono, a gritar verdades absolutas, a sentenciar que «este juego es una mierda», que el contenido de otro creador «es basura» o que un juego de Kickstarter aún en desarrollo «es un pepino».
Y ahí están las editoriales, haciendo fila.
Esperando entrar en el directo para hablar de sus próximas novedades.
Saben que pasar por ese programa y enviar algunos juegos de cortesía las coloca bajo un paraguas de protección.
Y no las culpamos.
Son, en gran medida, rehenes de un ecosistema de comunicación especializado en juegos de mesa que rara vez practica el análisis pausado, el respeto por el trabajo ajeno o un mínimo de profesionalidad.
Mejor ser amigo que enemigo del mal crítico, ¿no?
-
Epílogo incómodo
Esta semana hemos visto asomar las costuras que se esconden tras tanto buenrollismo.
Hemos comprobado cómo algo que es una afición, un hobby con una finalidad lúdica, también esconde un sector mezquino, interesado y dispuesto a ganar nombre y estatus a cualquier precio.
Hemos visto enfrentamientos desleales y personales, de baja calidad moral.
Personas que no están preparadas para las redes sociales.
Gente que se cree intocable por tener un “banquito”.
Confesiones desesperadas buscando sumar adeptos a discusiones que no esperábamos, pero que, aun así, nos decepcionan.
En toda esta historia hemos aprendido varias cosas.
Si abres un debate con terceros implicados, no pidas cerrarlo cuando te conviene.
Si la crítica es pública, no te retractes por privado.
Si te declaras profesional del medio, compórtate como tal para no caer en incoherencias ni faltas de ética profesional.
Intenta no ofender si te duelen las ofensas.
No llames mierda a algo si luego te enfadas cuando ese adjetivo se aplica sobre ti.
No des lecciones de moral sin revisar antes tus propios estándares.
No abras un directo si no tienes nada interesante que decir, porque terminas perjudicando a la afición.
Y no, Miguel, si sueltas la lengua no sube el pan. De hecho, ya la soltaste y solo subió tu exposición.
Desde El Miskatónico esperamos que más creadores que se lo propongan puedan algún día vivir de esto, que les vaya mejor cada año, que no trabajen a disgusto y que reciban cada vez más llamadas de editoriales.
Y también esperamos que las editoriales sepan distinguir la calidad y la profesionalidad de los medios con los que colaboran y ayuden, de verdad, a mejorar la afición.
Ahora sí.
Nosotros también nos bajamos del banquito, apagamos el megáfono…
y nos vamos a jugar.
Sebastián @ludonígena en nombre de El Miskatónico.
Totalmente de acuerdo, independientemente de como se posicione cada uno, lo que ha sucedido esta semana da mucha pena.
Nuestra postura es bien simple: haz lo que quieras y que otros hagan lo que quieran o que cada uno se posicione como desee. Pero nunca entraremos en ninguna polémica dentro de este mundo lúdico porque, para nosotros, los juegos de mesa son precisamente un oasis de paz entre tanta polémica que hay a diario por otros lados.
Gran artículo
Jaaajajaja. Menudo zasca en toda la face a uno que yo me sé… Si es que no se puede ir tan de divo por estas ludosferas… 😂
Muy buen artículo.
Desde mi punto de vista y como simple consumidor, creo que en realidad, el caracter y la personalidad de ciertas personas, afloran cuando necesitan posicionarse a cualquier precio, ya sea en el sector lúdico, o en cualquier otro en la vida real.
Precisamente por ello, necesitamos leer muchos artículos como éste, el sector lúdico merece esa conciencia social. Su definición es clara; ocio, diversión, desarrollo, cultura… los sucesos negativos no deberían entrar aquí.
Gracias por recordarnos de qué trata la ludosfera.
Un cordial saludo.
Menudo palo al hater de las aventuras lúdikas. Pero si una bajada de ego no le vendría mal
Buena reflexión, yo reconozco q sigo a creadores- de-contenido para estar informado tanto de novedades como de posibles opiniones, amén de tutoriales (gracias Unna); pero la mala educación y la crítica agresiva y prepotente me producen tanto o más rechazo que el buen rollismo mercenario. Al final esto solo son juegos con los q se supone q disfrutamos buenos ratos con familia y amigos, que no es poco viendo como viene el mundo. Encontrar también narcisismo, mal rollo y polarización en el mundillo, por mucho que lo explique q no deja de ser un nicho de mercado e intereses editoriales, a mi lo único q me produce es desafección. Por eso, muy de acuerdo con el final de la reseña: vayámonos a jugar q el tiempo corre q se las pela.
Gran artículo, creo que el 90% hemos pensado en la misma persona al leer todo esto XDDD